Así sería el mundo si los nazis hubiesen triunfado

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¿Alguna vez ustedes se han preguntado qué hubiese pasado si el nacionalsocialismo de Hitler hubiese ganado la Segunda Guerra Mundial? La sola pregunta, promete escalofríos, y siempre, existe un valiente que se sienta a escribir sobre esta posibilidad. Este, fue el maestro de la ciencia ficción, Philip K. Dick en su libro ucrónico “The Man in the High Castle” (1962). 

El punto de quiebre en la divergencia argumental es que postula que en 1933, el Presidente Franklin Délano Roosevelt es asesinado, por ende el programa New Deal no logra ser llevado a cabo, provocando que Estados Unidos no se recupere de la Gran Depresión, postulando una vía aislacionista, a la usanza republicana.

Estados Unidos no se involucra en la Segunda Guerra, dejando al arbitrio de Inglaterra y el resto de Europa la batalla contra el imperialismo nazi, quienes finalmente son derrotados. Este impulso es suficiente para que Japón lance su propia guerra relámpago, conquistan Hawaii y la costa del pacífico del país norteamericano, mientras que Alemania instala un Gobierno controlado desde el III Reich.

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Un mundo completamente distinto. El mar mediterráneo es disecado para transformarse en el gran granero del mundo, lo que provoca una abundancia nunca antes experimentada, con una dominación de África – posterior a su destrucción con bombas atómicas y de hidrógeno -, una exploración espacial galopante, un mundo dominado por la tecnología, la televisión, la masificación del automóvil y un mundo fabricado de plástico.

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Es en este contexto, es que Amazon Studios, ha producido una serie basada en la novela de Dick, bajo el nombre homónimo. Acá aprovechamos de compartir el primer capítulo de la temporada 1. Disfruten:

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Afronautas

Por Yuri Herrera, en Diario El País de España.

Cuando Zambia ganó su independencia en 1964, hacía cuatro años que Edward Makuka Nkoloso había creado la Academia de Ciencias y Tecnología Espacial para vencer a estadounidenses y soviéticos en la conquista del espacio. Tenía una base de entrenamiento cerca de la capital, Lusaka, donde 10 muchachos y una muchacha recibían entrenamiento físico (que incluía ser lanzado dentro de un barril por una pendiente) e instrucción sobre la Luna y las estrellas. Nkoloso los llamó los Afronautas.

Las pocas fuentes que he encontrado coinciden en que Nkoloso era profesor de Ciencias, combatió en la II Guerra Mundial en el Ejército británico, al volver participó en la lucha independentista, sus antiguos aliados lo encarcelaron durante un año, continuó en la resistencia anticolonial y luego fundó la Academia.

Existe un artículo atribuido a Nkoloso donde explica su plan: enviar a Marte a una mujer, dos gatos y un misionero (instruido a no convertir por la fuerza a los marcianos que encontraran). Tras el alunizaje delApollo 11 en 1969, el programa desapareció. Nkoloso trabajó como enlace del presidente Kaunda con los movimientos de liberación africana, estudió Derecho, y a su muerte recibió un funeral de Estado.

En una entrevista para televisión en la cual Nkoloso habla del programa espacial, un reportero británico lo describe como un orate. Nkoloso, vestido con casco militar y capa, le facilita las cosas. Pero al verlo pienso que así tenía que ser. Delirante, como los que en el siglo XX se convencieron de que podían construir naves espaciales y meter en ellas monos, perros, gatos y seres humanos.

Qué diéramos por tener hoy más delirantes como ése, que luchó contra los nazis y por la liberación de su país y luego decidió que era hora de aventurarse a las estrellas.

Detectar el cáncer en 5 minutos

¡¡Y a sólo un valor de 3 centavos de dólar!!

 

En 2012, en Orange Coast, en el marco de un evento de TEDx, Jack Andraka – tan solo un joven de 15 años – mostraba un descubrimiento fenomenal para la ciencia: en tan sólo 5 minutos y con un valor de 3 centavos de dólar, se puede detectar el Cáncer de Páncreas con un 100% de efectividad.

Conoce esta historia, los descubrimientos que ello implica, y lo que será el próximo gran inventor de la industria médica.

En el principio era el verbo

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Un nuevo descubrimiento de la Neurociencia: en el momento que una persona oye verbos y nombres asociados a una parte del cuerpo, como por ejemplo lanzar o empujar, las regiones motoras del córtex cerebral se activan de inmediato, sin siquiera mediar razonamiento, como si fuéramos a hacer aquel movimiento. Es decir, dentro del cerebro, las palabras y los significados parecen ser lo mismo que le movimiento.

Este descubrimiento fue gracias a un estudio en el marco del Centro de Neurociencia Integrativa de la Universidad de Aarhus, Dinamarca a cargo del Dr. Yury Shtyrov. Con una muestra de 21 voluntarios, se demostró que los verbos y nombres de acción inducen en sólo 80 milisegundos una actividad del córtex motor, que se sitúa sobre las orejas, y que se utiliza para mover los músculos.

La conclusión es que la activación del cerebro motor – en 80 milisegundos – es mucho más veloz que la percepción consciente – 300 milisegundos -, independiente de si el sujeto esté prestando atención a la actividad relacionada. Es interesante constatar que la Neurociencia está comprobando científicamente la teoría del lingüista Noam Chomsky, que afirmó que el automatismo es la característica esencial del órgano mental del lenguaje. Por ende, podríamos decir lo siguiente: la antigua separación de signo y significado no es tal, sino que constituyen mecanismos del cerebro enlazados completamente.

“Sight” más real que ficción

 

 

Sight es un cortometraje que nació como proyecto de graduación de Eran May-Raz y Daniel Lazo en Bezalel Academy of Arts and Design de la ciudad de Jerusalén en Israel. Con una fotografía interesante, diálogos simples y cotidianos, y un contexto sorprendente: la integración de la mente y cuerpo humano con aplicaciones e interfaces tecnológicas y cibernéticas.

A mi gusto, de ficción tiene muy poco. Las tendencias de la aceleración tecnológica van hacia la integración cibernética de la información con la mente, como así lo escribí en mi columna “El Futuro que viviremos”. Lo más probable que hacia 2030, lo que vemos en este visionario cortometraje, será parte de nuestras vidas.